El ejemplo perfecto de cómo un ingrediente tan humilde como la cebolla puede transformarse en un plato de primer nivel solo con un poco de paciencia y fuego lento.
Ingredientes:
- 5 cebollas grandes
- 1 litro de caldo de carne (o un caldo de pollo intenso)
- 50 g de mantequilla
- 1 cucharada sopera de harina
- Rebanadas de pan tostado rústico
- Queso gruyer o emmental rallado (abundante)
- Aceite de oliva, sal y pimienta
Preparación:
- Corta las cebollas en juliana fina (tiras alargadas).
- En una olla amplia, calienta la mantequilla con un chorrito de aceite (para que la mantequilla no se queme). Añade la cebolla y póchala a fuego muy lento durante unos 35-45 minutos. Remueve de vez en cuando; debe quedar muy tierna, reducida y con un tono tostado oscuro, pero sin llegar a quemarse.
- Añade la cucharada de harina, remueve bien y cocina un par de minutos para quitarle el sabor a crudo.
- Vierte el caldo caliente poco a poco, salpimienta al gusto y deja cocer a fuego lento durante 20 minutos más para que se integren bien todos los sabores.
- Sirve la sopa en cuencos individuales aptos para horno. Coloca una o dos rebanadas de pan tostado flotando en la superficie, cúbrelas con una montaña de queso rallado y gratina en el horno a 220ºC hasta que esté fundido y dorado.